Un cuaderno lleno de reproches, que escribí en algún momento encontró su sitio en ese fuego. Un cuaderno de tiempos revueltos en los que creía que lo merecía todo por creer erróneamente estar haciendo siempre lo correcto. Y es que el margen para errar a veces es tan ancho o tan estrecho, solo depende de quien te juzga, y normalmente siempre hay alguien que no esta de acuerdo, será por eso que nada es perfecto.
Hace tiempo me di cuenta que con ser bueno no basta para ganar un espacio en el corazón de nadie, ni para exigirlo en el cielo. Que escudriñar en las heridas solo envenena el alma, por eso lancé el cuaderno al fuego. Quemando todos los motivos que pudieron justificar alguna vez lo injustificable de cualquier absurdo pretexto. Una vida no comienza mil veces, aunque te empeñes mil veces en poner tu reloj a cero. Olvidar tus errores es un absurdo, lo mismo que revivirlos a cada momento, culpar a los demás por ellos tiene menos merito y me doy cuenta que a lo mejor el fuego no purificó mi alma, pero me dejo libre de reproches y absurdos pretextos.
Hace tiempo me di cuenta que con ser bueno no basta para ganar un espacio en el corazón de nadie, ni para exigirlo en el cielo. Que escudriñar en las heridas solo envenena el alma, por eso lancé el cuaderno al fuego. Quemando todos los motivos que pudieron justificar alguna vez lo injustificable de cualquier absurdo pretexto. Una vida no comienza mil veces, aunque te empeñes mil veces en poner tu reloj a cero. Olvidar tus errores es un absurdo, lo mismo que revivirlos a cada momento, culpar a los demás por ellos tiene menos merito y me doy cuenta que a lo mejor el fuego no purificó mi alma, pero me dejo libre de reproches y absurdos pretextos.